Hoy es un parque público con cascadas, paseos, bar y un balcón con una vista impresionante al puerto y la marina.



Nos quedamos con las ganas de visitar el puerto, ya que era eso o ir a Mónaco, así que decidimos hacer esto último y nos tomamos un bus hacia el principado. El camino recorre la costa con hermosas vistas del Mediterráneo y de pueblos a sus orillas, al menos un par si hubiésemos tenido más tiempo valen la pena conocer, ya que desde el camino se ven hermosos: Villefranche-sur-Mer y Beaulieu-sur-Mer.
Tardamos más de lo previsto para llegar al Principado debido a algunos inconvenientes en la ruta, pero a media tarde llegamos al puerto. Es reducido en espacio y los edificios se alzan hacia arriba subiendo la montaña.

El Principado es una estrecha franja costera de cuatro kilómetros y hay cuatro barrios principales: Monaco-Ville, sede histórica del Principado que ocupa el Peñón en donde se erige el Palacio; Montecarlo, el barrio agrupado en torno al Casino; La Condamine que circunda el Port d’Hercule y por último, Fontvieille, un barrio industrial. Sí porque Mónaco no es solo glamour, yates costosos y fortunas en los casinos, también hay gente que trabaja y que sufre como todos la crisis económica.
Nosotros nos bajamos en La Condamine y fue una sorpresa ver allí otra de las manifestaciones sindicales por la protección de las fuentes del trabajo. No es todo tan de cuentos de hadas, como aparece en las películas.


No subimos hacia el Palacio ya que se estaba haciendo tarde y queríamos llegar hasta el Casino, así que caminamos todo el puerto contemplando los impresionantes yates y subimos la colina de Montecarlo. Allí comenzamos a ver, a medida que la cuesta se empinaba, los negocios de marcas exclusivas, los autos impresionantes y los turistas sacadores de fotos como nosotros.
No nos pudimos tomar ni un café porque en el Café de París, directamente no nos atendieron, así que bajamos a nuestro nivel, volvimos hacia la estación de tren y allí sí, en un bar sin tantas pretensiones, pudimos tomarnos un cafecito antes de emprender el regreso a Niza.
Fabuloso... aunque no sea tan cuento de hadas como en las películas...
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