Desde Kolonaki tomamos un taxi que nos subió hasta la base del Teleférico, y luego de un breve pero un tanto claustrofóbico viaje llegamos a la cumbre del Monte desde donde se observan espectaculares panorámicas de la ciudad con el mar Egeo de fondo.
Es un lugar privilegiado para observar la Acrópolis, el Templo de Zeus y el Estadio Olímpico.

En la cima del monte se erige la Iglesia de Agios Giorgios (San Jorge), una pequeña capilla que encierra obras de gran valor artístico.
Como se hace en estos casos, le encendimos una vela al santo para pedirle protección para el resto del viaje. Al salir del teleférico en lugar de tomar un transporte bajamos por las escaleras del pasaje Ploutarchou cubierto de enredaderas en el barrio Likavitos. En ese lindo barrio ateniense, encontramos paralelas al pasaje, otras calles con tiendas y lugares de comida.
Nos encantó ese rincon de la ciudad y dedimos terminar la tarde recorriendo otro barrio: Psiri, que la primera estadia en Atenas, apenas habíamos comenzado a conocer. Psiri, es uno de los barrios de moda en Atenas, queda lindando con Monastiraki y se extiende como una serie de calles repletas de bares, locales de artesanías, ropa y lugares de esparcimiento.
A medida que nos internamos en el barrio, el encanto de la parte “turística” va desapareciendo paulatinamente para desembocar en otros barrios más característicos de la inmigración asiática, el infaltable "barrio chino" de toda gran ciudad que se precie. Decidimos volver sobre nuestros pasos y un tanto perdidos desembocamos sin quererlo y ya al final de la tarde en un lugar arqueológico que no habíamos tenido en cuenta: el Kerameikos, la antigua necrópolis de Atenas y una de las entradas principales a la ciudad.
El antiguo barrio de Keramos (cerámica) era el de los alfareros y hoy pueden verse una serie de tumbas del siglo IX a.C., algunas de personajes famosos como Lisímaco y Pitágoras. El conjunto posee además de una vía sacra, restos de murallas y del Pompéion, un gimnasio del siglo V a.C. desde donde partía la procesión (pompe) de las Panateneas hacia la Acrópolis durante las pruebas deportivas.
Hay también un museo de esculturas y estelas funerarias, pero debido a lo avanzado de la hora el recinto estaba cerrado, solo alcanzó para sacar algunas fotos antes de que oscureciera. En esos momentos apareció uno de los perros guardianes del conjunto arqueológico de Atenas por lo que decidimos seguir nuestro camino tratando de pasar desapercibidos. Sabíamos que no nos haría nada porque están entrenados para no atacar a los turistas “blancos” como nosotros, pero igual dan miedo. Ya tuvimos ocasión de verlos en acción en la Acrópolis, manteniendo a raya a los vendedores ambulantes, inmigrantes africanos a los que no se les permite, a riesgo de ser atacados por la jauría, entrar en el recinto a ganarse la vida. Es un espectáculo lamentable y racista que pinta la faceta más desagradable de la comunidad europea.
Entre ese pequeño susto y el cansancio de la caminata, terminó un día largo, antesala de un viaje de cuatro días por la Grecia Continental.


