miércoles, 4 de noviembre de 2009

Dia 23 - Lluvia

Efectivamente durante la noche nos despertó primero el ruido de la ventana del cuarto golpeando contra las paredes y luego el llamado a la puerta del personaje que cumplía las funciones de encargado y sereno del hotel, un siciliano simpático aunque un poco pesado, también hay que decirlo, que se especializaba en meterse en la vida ajena.

A pesar del miedo de Male de que nos vinieran a desalojar por riesgo de inundación, tal como había pasado un año antes, según un documental que oportunamente no dejaban de pasar en el canal de televisión local, el aviso era para que cerráramos la ventana, ya que el golpeteo era bastante notorio a esa hora de la madrugada. No sin cierto esfuerzo, ya que el viento era muy fuerte, logramos hacerlo y seguimos durmiendo ya convencidos de que el día sería de perros.

Igual vino bien para dormir hasta tarde arropado por la lluvia que caía sin cesar desde la madrugada y recuperarse del resfrío que no terminaba nunca de curar.



Por la mañana espiamos desde la ventana del hotel una procesión encabezada por el cura del pueblo hacia el cementerio.



Por la tarde, no quedó más que hacer que tomar mates al reparo de una terraza que hacia de patio de comidas de un restaurante y mirar la furia desatada de la tormenta. Realmente mete miedo el mar cuando está embravecido, es un espectáculo salvaje y también bello.



























Con las horas la tormenta fue cediendo, el viento comenzó a dispersar las nubes y el día –que no fue un día perdido ya que sirvió para descansar un poco y recuperarse- terminó en un atardecer glorioso, con el sol poniéndose entre las nubes y el mar y creando extraños efectos luminosos. Valió la pena la tormenta para ver una puesta de sol tan rara.













Con la tranquilidad llegó la noche y una luna luminosa y grande. Era la famosa calma después de la tormenta. Los presagios para el día siguiente habían cambiando.



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