jueves, 5 de noviembre de 2009

Dia 24 - Riviera italiana

Nos fuimos aquel día de las Cinque Terre en dirección a la frontera de Francia. Recorreríamos la Riviera italiana haciendo dos paradas antes de continuar el camino.



Salimos en tren pasando por un montón de ciudades balnearias muy lindas hasta Santa Margherita Ligure, donde dejamos las valijas en la consigna y enseguida tomamos un autobús hacia Portofino.



Este pequeño puerto es muy conocido desde que se puso de moda en los 60 y 70 como lugar de veraneo de las celebrities, la última en concurrir el mes anterior fue Madonna con sus hijos. Portofino es una especie de postal con un muelle bonito y montañas por detrás, tiendas de primeras marcas y gente limpiando por todos lados la mugre de los famosos. Hasta la iglesia es bonita y tiene una virgen luminosa muy apropiada para el lugar y no es difícil imaginarse a la otra Madonna rezándole con ese fervor religioso hollywoodense que cada tanto manifiesta.








































En este momento del año está casi todo cerrado y no hay mucho para ver más allá de las 3 o 4 cuadras que constituyen el pueblo y su precioso puerto. Así que al rato volvimos a almorzar y pasear por la principal ciudad de esta parte de la Riviera donde nos dejó el tren: Santa Margherita Ligure.

































Esta ciudad nos gustó muchísimo y es una muy buena opción para parar de vacaciones y desde allí recorrer la Riviera (San Remo, San Fruttuoso, Rapallo, Camogli, etc).

Por la tarde recuperamos nuestras valijas y seguimos viaje hacia Génova, la principal ciudad de esta región y uno de los puertos comerciales más grandes de Europa. La ciudad es linda, tal como uno la imagina llena de inmigrantes de todo el mundo, principalmente de África, Asia y Latinoamérica. Evidentemente esta ciudad además de la patria de Cristóbal Colón siempre fue una ciudad cosmopolita y de gran diversidad cultural debido a su puerto. Recorrimos un rato los alrededores de la estación hasta que nos metimos en un barrio no muy aconsejable, o sí, no sabemos, pero el ambiente se enrareció un poco y nuestro natural miedo hacia lo desconocido nos hizo recular rápidamente y volver a tomar el tren hacia Francia.

















Llegamos a Niza por la noche y sin hotel, por suerte luego de preguntar sin éxito en un par conseguimos uno, el Hotel de Fiore, en plena peatonal de la ciudad.

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