
Salimos en tren pasando por un montón de ciudades balnearias muy lindas hasta Santa Margherita Ligure, donde dejamos las valijas en la consigna y enseguida tomamos un autobús hacia Portofino.

Este pequeño puerto es muy conocido desde que se puso de moda en los 60 y 70 como lugar de veraneo de las celebrities, la última en concurrir el mes anterior fue Madonna con sus hijos. Portofino es una especie de postal con un muelle bonito y montañas por detrás, tiendas de primeras marcas y gente limpiando por todos lados la mugre de los famosos. Hasta la iglesia es bonita y tiene una virgen luminosa muy apropiada para el lugar y no es difícil imaginarse a la otra Madonna rezándole con ese fervor religioso hollywoodense que cada tanto manifiesta.








En este momento del año está casi todo cerrado y no hay mucho para ver más allá de las 3 o 4 cuadras que constituyen el pueblo y su precioso puerto. Así que al rato volvimos a almorzar y pasear por la principal ciudad de esta parte de la Riviera donde nos dejó el tren: Santa Margherita Ligure.








Esta ciudad nos gustó muchísimo y es una muy buena opción para parar de vacaciones y desde allí recorrer la Riviera (San Remo, San Fruttuoso, Rapallo, Camogli, etc).
Por la tarde recuperamos nuestras valijas y seguimos viaje hacia Génova, la principal ciudad de esta región y uno de los puertos comerciales más grandes de Europa. La ciudad es linda, tal como uno la imagina llena de inmigrantes de todo el mundo, principalmente de África, Asia y Latinoamérica. Evidentemente esta ciudad además de la patria de Cristóbal Colón siempre fue una ciudad cosmopolita y de gran diversidad cultural debido a su puerto. Recorrimos un rato los alrededores de la estación hasta que nos metimos en un barrio no muy aconsejable, o sí, no sabemos, pero el ambiente se enrareció un poco y nuestro natural miedo hacia lo desconocido nos hizo recular rápidamente y volver a tomar el tren hacia Francia.
Llegamos a Niza por la noche y sin hotel, por suerte luego de preguntar sin éxito en un par conseguimos uno, el Hotel de Fiore, en plena peatonal de la ciudad.
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