
Si ya de por sí el paisaje es extraño, en estas condiciones se volvía más misterioso.
A finales del siglo X comenzaron a llegar algunos religiosos encabezados por San Atanasio quienes fundaron los monasterios sobre las inmensas rocas que forman Meteora. Salvo uno de ellos que es habitado por monjas, en el resto viven hombres y para entrar hay que llevar pantalón largo, brazos cubiertos y las mujeres falda por debajo de las rodillas.
A pesar de que la inefable Gogó insistía en que eran "todos iguales” no es verdad, cada uno tiene su particularidad. Nosotros fuimos a dos de ellos:
Monasterio de Varlaam (1518), que posee en el templo bellos frescos del siglo XVI y la Torre de los Vrizones donde se conserva la cuerda con el cesto utilizado como montacargas.


El monasterio de Agios Stefanos fue fundado en el siglo XIV y conserva las reliquias de este santo (San Esteban), lo habitan monjas, hay un museo y frescos del siglo XV en la capilla de la iglesia. Las vistas a la ciudad de Kalamabaka son impresionantes. La capilla es antiquísima y no se puede sacar fotos, salvo que la monja que lo vigila luego de la advertencia se retire discretamente como ocurrió en este caso.

Las fotos hablan por sí solas del impresionante paisaje y la belleza de estos monasterios “suspendidos del cielo”.
En tan extraño lugar suelen pasar extraños fenómenos, como la aparición de una señora antigua que recorre los pasillos del monasterio con su larga falda floreada.
Y cómo no, la simpática presencia del gatito de calendario.
Luego de los monasterios, el autobús comenzó a descender la montaña hacia la región de Attica, donde se encuentra la ciudad de Atenas.

En el camino hicimos una breve parada en Las Termópilas, un desfiladero donde los 300 espartanos comandados por Leónidas libraron la batalla de las Termópilas en el 480 a.C. contra los Persas. Antiguamente el mar estaba muy cerca de la montaña, hoy el desfiladero no existe y en el lugar se alza una estatua de Leónidas donada por un inmigrante griego que se hizo millonario en Estados Unidos, y que divide las opiniones, ya que para algunos es “horrible” y para otros “no tan fea”.

Al anochecer llegamos a Atenas, bastante cansados así que decidimos caminar un poco por el barrio de Kolonaki ya que era sábado y por la noche hay bastante movimiento en sus avenidas y algunos barcitos cercanos al hotel.
¡Ojo con el fantasma, dicen que anda suelto por Rosario, ja,ja!
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