
Para pasar de Atenas al Peloponeso se cruza el famoso Canal de Corinto.


Luego de una breve parada para ver el canal y por supuesto comprar pasas, pistachos e ir al baño, seguimos camino al primer sitio arqueológico que visitaríamos: Epidauro.

El gigantesco anfiteatro tiene un sistema impresionante de acústica, el centro desde donde la voz y el sonido salen perfectos para oírse en todo el anfiteatro está señalado con una piedra circular.
Salimos impresionados del lugar, de la manera en que está conservado el anfiteatro. El siguiente lugar fue la antigua ciudad de Micenas que es hoy una excavación arqueológica y un museo.
A la ciudadela se entra por la famosa Puerta de los Leones
Traspasada esa puerta se sube rodeando la colina en caracol hasta la cima, donde se aprecia todo el valle. La verdad es que el calor se hacía sentir bastante, me imagino cómo será en los meses de verano.
Cerca de la ciudadela se encuentra la Tumba de Agamenón, inmensa tumba circular con una gran bóveda y un pasillo. Es llamada tambien el Tesoro de Atreo y en el museo hay una fotografía del momento del descubrimiento durante la excavación.


Finalmente se accede al Museo donde hay una valiosa colección de objetos encontrados en el yacimiento, alguno de los cuales como la Máscara de Agamenón es un reproducción de la que se encuentra en el museo arqueológico de Atenas.
Fue un día muy largo ya que seguimos atravesando el Peloponeso hasta llegar al hotel cercano a la ciudad de Olimpia. Nos extrañó el movimiento que había en el hotel, choferes, autos oficiales, guardaespaldas, en realidad nos dejaron un tanto aislados en el segundo piso del hotel mientras abajo se desarrollaba alguna ceremonia o comida que luego sabríamos era en honor de las autoridades de los Juegos Olímpicos. Esa noche se cortó la luz en el hotel, no voy a entrar en detalles, solo diré que intervinieron en el hecho un cargador de fotos, un adaptador para un enchufe y la brutal inocencia de una mano anónima.
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