domingo, 25 de octubre de 2009

Dia 12 - Peloponeso

Como siempre muy temprano partimos al recinto de los juegos olímpicos de la antigüedad. Allí nos enteramos al llegar que la fiesta del dia anterior en nuestro hotel se debía a la presencia de los capos del Comité Olimpico, incluidas las autoridades de Canadá, que es la próxima sede: Vancouver 2010, de allí el despliegue de seguridad que habíamos visto. La novedad es que según nuestra peculiar guía de la excursión no se podía entrar al recinto porque habría una ceremonia: el encendido de la llama que partiría desde allí hacia la sede final en Vancouver. Luego de un pequeño motín, en el que los argentinos presentes tuvimos activa participación logramos entrar al recinto ante el disgusto de la verde Gogó que pretendía evitar la ceremonia y llevarnos directamente al museo y luego seguir viaje para asegurar la hora de llegada ya convenida al hotel.

-Nota del editor: Gogó es un tipo de guía griega de edad no identificable, corte de pelo estilo “carré” pero mal, vestida siempre con la misma ropa verde invernal, aunque hiciera 40 grados a la sombra, una característica de este tipo de guía es que no se cambia la ropa ni se lava el pelo mientras dure la excursión-.


El caso es que al entrar al recinto lo primero que aparece es la larga pista de carreras donde en la antigüedad corrían los atletas, con sus marcas en mármol de partida y llegada. La pista estaba rodeada por la policía y no era posible acercarse demasiado, ya que en este lugar se realizaría la ceremonia principal.





A los costados de la pista se encuentran los restos de parte de las gradas y una especie de altar.





Según “Gogó” los atletas corrían desnuditos por la pista y la única mujer que podía entrar al estadio era una sacerdotisa que se ubicaba en ese altar. No sé si será verdad o fruto de la calenturienta imaginación de la inefable guía, ya que la vestimenta de lana gruesa que portaba hacia cada vez mayores estragos en su persona y de a ratos insistía en que nos fuéramos porque “no valía la pena quedarse a ver un acto”. Invitación desoída por el respetable, que tomó asiento en el predio y se preparó a presenciar la ceremonia ante la resignación de la mujer. Ser testigos del encendido de la llama olímpica sin haberlo previsto es un acontecimiento que la casualidad nos había puesto enfrente y no pensábamos desperdiciar.




Mientras comenzaba el acto nos entretuvimos con un grupo de inquietos infantes que las maestran trajeron del colegio a presenciar el acto y que cuando se enteraron de que algunos de los que estábamos allí éramos argentinos empezaron a recitar los nombres de jugadores de la selección, empezando por Messi el más nombrado por todos.

Tuvimos razón al insistir en quedarnos, ya que luego de un rato de espera comenzó una ceremonia formal al principio y artística después. Con danzas, música y antorcha olímpica fue por momentos emocionante.









Una vez terminado el acto, visitamos el recinto arqueológico, donde se pueden ver los restos del Gimnasio, la Palestra, el estudio de Fidias, el Templo de Zeus y varias otras cosas que un servidor desistió de recorrer debido al sofocante calor del entorno.















Luego del recinto pasamos al museo donde hay importantes piezas arqueológicas procedentes del sitio



















Por la tarde y luego de una larguísima comida de al menos 2 horas, fruto de la venganza de Gogó por hacerla esperar, seguimos nuestro camino atravesando la ciudad de Patras, el puerto desde donde salen los barcos hacia Italia. La verdad es que se veia muy poco ya que era prácticamente de noche, hecho que nuestra peculiar guía remarcó durante todo el viaje lamentándose de que no podíamos ver “el color turquesa del mar” por habernos quedado al acto.





Por el camino cruzamos el puente Rio-Antirio, unos de los más grandes del mundo, que une el Peloponeso con Grecia Central, donde hicimos una parada “técnica” para estirar las piernas e intentar sacar fotos en la oscuridad.



Por la noche llegamos a Delfos, la ciudad era preciosa, aunque el hotel quedaba tan alto que no hubo ánimos para bajar tantas escaleras hacia la calle principal. También esa noche se cortó la luz en el hotel, en el hecho intervinieron los mismos elementos que el día anterior e igualmente sin consecuencias para el causante del atentado, solo que esta vez las manos anónimas perdieron definitivamente la inocencia.

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