domingo, 25 de octubre de 2009

Dia 13 - Grecia Central

Este día conoceríamos uno de los lugares más lindos de Grecia, no solo por la carga histórica sino por el paisaje: montaña, mar, verde.

Zeus soltó dos aguilas, una desde el este y la otra del oeste, el lugar donde se encontraron en el Monte Parnaso, se constituyó "el ombligo del mundo" y en ese lugar se instaló el Oráculo: Delfos.



En este lugar, hoy se puede visitar parcialmente el sitio arqueológico, ya que en gran parte está cerrado “por seguridad”, peligro de derrumbe o vaya a saber qué cosa, y un museo de los más lindos –el más lindo para mi- de Grecia. El sitio es tan bello y más en esta época del año donde el calor no es sofocante, solo se siente un poco al subir la colina, mientras en la base, donde se encuentra el museo, el clima es tibio y una linda luz ilumina un paisaje de montaña y valle.





Primero entramos al museo, en el exterior mosaicos romanos de la época de Adriano



El interior es pequeño pero con piezas únicas. Entre ellas destacan:

Esfinge alada de Naxos



Friso del Tesoro de los Sifnios que contiene escenas de la guerra de Troya





Dos gigantes Kouros arcaicos (600 a.C)



En el resto de las salas se encuentran estatuas, objetos de bronce, oro y marfil, metopas, restos de decoraciones de columnas.









La obra más famosa del museo es el Auriga (470 a.C) una impresionante estatua de bronce de 1,80 metros, que parece que te mira. La escultura formaba parte de un conjunto que representa un personaje vencedor de las carreras de carros en los Juegos Píticos. Allí nos ligamos un reto de uno de los cuidadores del museo ya que no se puede sacar fotos "posando" como las estatuas.









Al Santuario de Apolo se accede por la Vía Sacra y a su costado se ve el Ágora, restos de columnas de templos, el Tesoro de los Atenienses que conmemora la batalla de Maratón y hasta aquí llegamos, ya que "por el momento" no se puede acceder al Santuario de Apolo y su oráculo, por las razones ya esgrimidas. Es un poco decepcionante, pero el conjunto y el enclave es magnífico así que igual vale la pena la subida.















Luego de la visita nos dimos cuenta de que nos habíamos perdido, evidentemente a propósito para no caminar con el grupo, lo único que no contábamos era que luego no los encontraríamos. Vimos pasar el autobús y nos fuimos a una parada, donde la espera se hizo eterna. Del otro lado de la ruta había un conjunto arqueológico, pero gracias a cierta testaruda que yo conozco decidimos esperar al autobús en lugar de caminar hasta el recinto. Por fin, cuando ya desesperábamos pasó el colectivo y pudimos llegar con el resto de la excursión. El precio de la autonomía y la tranquilidad de sentirse solos en el santuario fue no ver uno de los restos arqueológicos más fotografiados de Grecia: el Santuario de Atenea, aunque pudimos hacerle unas fotos de lejos.



Para mi placer -y secreta venganza por no querer caminar hasta el santuario-, nos acompañó en la espera un lindo gatito que parecía una figura de esos calendarios de almacén de pueblo, una estampa que veníamos viendo y veríamos profusamente en toda Grecia, el país donde estos animalitos están por todos lados.



El viaje continuó subiendo la montaña hasta llegar al próximo destino: los monasterios de Meteora.

1 comentario:

  1. Tiene toda la razón: 1.- Por mi porfiadez más de una vez arruiné paseos. 2.- Los gatos te "atacan" en Grecia. Después, vendrán las palomas. Ya lo verán.

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