

Del otro lado, atravesando el Grand y el Petit Palais, nos encontramos con un panorama insólito: los Champs Élysées totalmente vacíos. Como si de una película de ficción se tratara, no había un alma en la calle, que hasta daba un poquito de miedo. Esto obviamente se debía a que la policía había cortado todo el perímetro de Concorde hasta Arco de Triunfo debido al desfile por el día del Armisticio.

De la ceremonia participarían importantes personalidades de la política, así que la seguridad del acto estaba al máximo y como a nosotros no nos gusta la cosa militar ni tanta presencia de policía alrededor, emprendimos el camino contrario, hacia el lado del Marais. Así que caminamos por las Tulleries también bastante tranquilo ese día, solo alguna gente haciendo footing y sin turistas, que aparentemente se habían desplazado hacia el lugar del desfile para copar los lugares. Eso nos liberó la ciudad para nosotros.

Caminamos a lo largo de la Rue de Rivolí, pasando por las galerias frente al Louvre, recorrimos un rato Les Halles, la catedral de St Eustache, la Torre de Saint Jacques, el Hôtel de Ville, nos metimos a caminar por el Marais y entramos en la Plaza des Voges. De a poco la niebla cedió y de a ratos aparecía el sol, momento muy agradecido debido al frío que hacía ese día, igual todo seguía estando extrañamente desierto.
La Place des Voges es una de las más antiguas de París, es la típica plaza cerrada por edificios antiguos del siglo XVII donde vivía la aristocracia y en ella está la casa de Victor Hugo, que queda en una esquina de la plaza, lugar donde me saqué la correspondiente foto para no ser menos que cualquier otro cholulo literario que se precie. La plaza está llena de restaurantes, cafés y galerías de arte.
Luego retomamos el camino hasta la Place de la Bastille y de allí hasta la Place de la Repúblique.
No había nada interesante para ver a esa hora, aunque la zona me pareció buena para parar ya que hay hoteles, bares, el lugar es amplio, parece seguro y bien comunicado. Desde allí pegamos la vuelta en metro hacia los Champs Élysées para caminar un rato por allí confiados en que luego del desfile retomara su ritmo normal. Era nuestro último día en Paris, así que no había mejor manera de terminar el día que pasear como un parisino más por el famoso boulevard. Toda la gente que no habíamos visto durante el día estaba allí, la niebla se había disipado hacía rato, el desfile finalizado y la multitud caminaba gustándose en su rol de turistas del mundo. Vimos por última vez el Arco de Triunfo, comimos alguna cosilla y nos fuimos pal' barrio a dormir.
Chau París, siempre es un placer volverte a ver.
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