Luego del espectáculo comenzó a llover bastante fuerte, así que nos tomamos el metro hacia el Museo Arqueológico Nacional donde pasamos varias horas admirando la fantástica colección de tesoros que posee, realmente es apabullante y no se puede dejar de conocer estando en Atenas.
Alguna de estas maravillas:
Busto de Antinoo (s.II a.C.) o la definición del “perfil griego clásico”, este joven era reconocido por su belleza, favorito de Adriano, se ahogó en el Nilo y su figura fue reproducida en multitud de estatuas por toda Grecia
El Jinete de Artemision escultura de bronce del siglo II a.C.
El Hermafrodita dormido del s. II. a.C., tambien una escultura muy reproducida en Grecia y Roma, fruto de papá Hermes y mamá Afrodita, salio una nena que vino con sorpresa como diria un amigo
El Niño de Lamia del s.III a.C. un gordito simpático que está apretando un pato con la mano
El Zeus de Artemision del año 460 a.C. una de las estrellas del museo en posición de lanzar un rayo

El Poseidón de Milos del 130 a.C., se supone que portaba un tridente en la mano
El conjunto de Afrodita, Eros y Pan del año 150 a.C., una de las pocas señoritas sin ropa (a diferencia de sus pares masculinos) entre las esculturas, aparentemente terminaba de darse un baño cuando el travieso Pan, perseguidor empedernido de ninfas y doncellas, le salió al cruce, la sandalia en la mano indica que la diosa lo corrió a chancletazos (esta última afirmación es mia), mientras el pequeño Eros juguetea con los cuernos del fauno
La diosa Atenea de Fidias del 448 a.C. una reproducción a escala humana de la estatua gigante, una de las siete maravillas del mundo antiguo que habría estado en la Acrópolis


El Kouros de Anavissos del año 500 a.C.

El Efebo de Maratón del año 325 a.C.
El Efebo de Anticítera del año 340 a.C., estos dos de similiar importancia al Auriga de Delfos
El Diadúmeno de Delos del año 420 a.C. que representa un atleta al terminar los juegos atándose la cinta de la victoria en la cabeza, claro que hay que imaginarselo, porque le faltan las manos
La Afrodita de Siracusa del s.II d.C., encontrada en el sur de Italia, también una reproducción de una estatua griega
Joyas y artículos de oro, bronce, marfil y cristal de Micenas, entre las que sobresale la famosa Máscara de Agamenón, una máscara funeraria de oro del año 1550 a.C. que pertenecería a este rey griego
Numerosas figuras de mármol de Keros del Tercer milenio a.C., algunas de tamaño a escala humana como la de la foto y que a mi me parecen de un diseño muy moderno
Una impresionante colección de vasijas, objetos y esculturas de cerámica provenientes de excavaciones en toda Grecia





Y entre otras muchas cosas los Frescos de Santorini, conservados en las paredes de las casas por la ceniza luego de la erupción del volcán, algo similar a lo que ocurrió en Pompeya en el sur de Italia



Luego de tantas cosas bellas, salimos un poco mareados, no sé si por hambre o por el Síndrome de Stendhal, el caso es que veíamos esculturas apareciendo por todos lados.

Como había dejado de llover y ya habíamos picado algo en la cafetería del museo, seguimos nuestro paseo a pié hacia un lugar ineludible dada nuestra condición de profesores universitarios. Efectivamente, caminamos por la Avenida Venizelou donde se encuentran la Biblioteca Nacional, la Universidad y la Academia de Ciencias, tres edificios neoclásicos construidos entre 1800 y 1900.






¿Qué más quedaba por hacer? Había tantas cosas en la ciudad que queríamos apurar el último día haciendo un poco de todo, caía la tarde y como ya no llovía más tomamos el metro para el templo que habíamos visto unos dias antes desde el Likavitos: El Olimpeion o Templo de Zeus Olímpico.
Para esto primero nos dirigimos al Arco de Adriano (s.II d.C.) y desde allí comprobamos que la entrada al recinto quedaba bastante lejos y no teníamos tiempo de llegar antes del cierre, así que nos sentamos un rato a contemplarlo desde afuera, descansando un poco de la caminata que nos habíamos pegado en el interior del museo.





Había sido un largo día de caminatas, paseamos un rato por Plaka, contemplando los monumentos iluminados, la torre de los vientos, la acrópolis, el foro…
No sin cierta tristeza nos fuimos a dormir, Atenas nos había maravillado y estábamos a punto de abandonarla. Sin dudas es una ciudad para volver. El próximo destino: Roma.
Quince días maravillosos. Gracias por rescatar los recuerdos para que todos puedan vivirlos y revivirlos.
ResponderEliminarGrecia es mágica; Atenas, insuperable. Sin dudas.